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[Crónica de conciertos] Marlango, una noche brillante en Albacete

Intento escribir y se me solapan las palabras. Brillante la noche del viernes, brillantes ellos.

Comienzo de un concierto puntual y con Carletti Porta introduciéndonos en su maravilloso mundo. Un Universo musical en el que nos hizo viajar a lugares recónditos, casi como un viaje en autocaravana, pero de las bonitas, las Westfalia. Un viaje el cuál no sabes el destino, ni tampoco a dónde irás, salvo dejarte llevar.

Tuve las sensación de encontrarme con carreteras infinitas, y no sé en qué momento, también me teletransporté a las islas… Quizá mis viajes pasados y presencia por las islas me transmitieran lo que él con su directo me hizo sentir. Además, es buen momento del ya conocido (y bonito) anuncio de Estrella Damm, y a mi percepción, su música no podría ir más acorde con todas sus sensaciones. Además, otro de los destinos del viaje infinito, sería una vuelta al lejanos oeste, seguido de nuestra caravana, los cactus y sonidos de rancho…

Carletti estaba radiante, visiblemente emocionado, y aún nos esperaba lo mejor para el final, Carlango.

Llegó el turno de Marlango. He de reconocer, que ha sido la primera vez que le ha entrado «cosica» a mi estómago de ver a un grupo o artista, era la primera vez que vería en vivo y en directo a Leonor Watling, (y qué maravilla!). La seguía desde hacía mucho tiempo, en cine, música… de hecho, su primer álbum en castellano «Un día extraordinario» fue mi banda sonora cuando estaba estudiando mi Máster en la Universidad de Salamanca, y me acompañó durante todos los días de ese año.

Comenzaron el concierto con la obra compuesta al piano de Alejandro Pelayo, «La herida invisible».

Precioso tema, que hizo derretirnos y tenernos en su bolsillo desde los primeros acordes. A veces es un lujo poder contar con este tipo de músicas al inicio de un concierto, en nuestro caso, a piano solo, introduciéndonos de una forma más que dulce y tierna en uno de los mejores directos que he vivido.

Finalmente apreció Leonor Watling, cantando su primer éxito en inglés, seguido de «Dame la razón», primera canción que cantaron en castellano y está dentro del álbum «Un día extraordinario». Entre otros temas que interpretaron destacaría «Vete» de los Amaya…  Impresionante. Vellos de punta, piel erizada, y lagrimillas a flor de piel. Me quedo sin duda con esta versión, romántica, vibrante y que los Marlango hicieron que nos llegara al corazoncito.

Más tarde, además de esta, interpretarían otros grandes éxitos. Las originales son increíbles, pero me quedo también sin duda alguna con las versiones a piano y voz de ellos. La siguiente sería «Pena, penita pena» , con una Leonor Watling visiblemente emocionada y con brillo en los ojos. «Esta canción debe pertenecer al Museo de la Música» dijo Alejandro Pelayo, «Si existiese un Museo de la Música con grandes éxitos o grandes canciones, esta sin duda debería estar ahí para poder escucharla.»  ¡Compartimos su opinión! El primer trocito de la canción lo interpretó con el micrófono Moth Sound, calidad sonora indudable además del efecto vintage y original que él produce.

«Mucho amor hacia Albacete» determinó Leonor Watling.

Muchas cosas les unen a Albacete, además de amigos, y el micrófono anteriormente comentado que son hechos a mano aquí. Seguidamente interpretaron una nueva y futura canción. A mi me dio la sensación que puede ir dirigida hacia la vida, hacia sus respectivos hijos pequeños y toda la vida que tienen por delante. Yo la interpreté así o quizás me lo imaginé… Ya nos lo contarán ellos ;)

No faltó la versión de Radiohead, Creep. Temazo en el que se percibe su vozarrón de contralto, además contrastaba con la melodía aguda y brillante del piano. También pudimos escuchar otras de sus canciones en castellano como «Si yo fuera otra».

Terminaron el concierto, por sorpresa de todos, junto al primer grupo, Carletti Porta, cantando ambos a conjunto y apreciándose la emoción y admiración por parte de los dos. «Sin duda uno de los mejores conciertos de mi vida» afirmó Carletti. Tanto Marlango como este, intercambiaron miradas cómplices y escenario como si estuvieran a diario trabajando juntos y hubo una gran y bonita conexión que nos hizo partícipe a todos.

¡Noches como esta son bellas de recordar e imposibles de olvidar!